Ella, ya no era tan ella.
Se levantaba, se bañaba, se vestía, siempre la misma rutina. Veía su cabello y le decía, hoy no, tu no me traiciones, compórtate normal.
Se levantaba, se bañaba, se vestía, siempre la misma rutina. Veía su cabello y le decía, hoy no, tu no me traiciones, compórtate normal.
Y es que probablemente su cabello era un reflejo de sus
pensamientos, así encriptados, sueltos, irracionales, cabellos que van y
vienen, que se encuentran, que no se asientan. Segurito están en rebeldía. Y es
que no entendían como ella sabia que necesitaba amar y aún así repetía una y
otra vez, ya no más…
Al terminar se veía en el espejo, pero ya no era ella.
Varias veces llegaban recuerdos a ella, y solo se repetía…,
soy autosuficiente, creo en mí, yo puedo sola contra el mundo, no necesito a
nadie más.
Estaba convencida de que si lo repetía varias veces, ella
misma lo iba a creer.
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